21 de noviembre de 2010

S A S H A / Tokio

Enciende la pantalla del ordenador y abre un documento de Word. Acaricia su frente, respira hondo y comienza a teclear, a ritmo lento. Deja que sus dedos tomen contacto con cada carácter pulsado y se regocija en el sonido que rompe el silencio de su despacho. A cada tecleo le parece estar más cerca de aquella mujer. Maliciosamente marcó sobre su piel sus letras, con mayúsculas y en negrita. Cinco letras que se atragantaron en su vida, dando un giro inesperado al argumento.

S A S H A

Taconeo ensordecido por la moqueta. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Recorre el pasillo a paso seguro, con gran seriedad. Se detiene ante el recepcionista y le indica qué quiere. Él le sonríe y le asegura que la atenderán ahora mismo. La invita a tomar el ascensor. Piso 7. Se abren las puertas. Sonríe para sus adentros mientras habla con la recepcionista. Espera sentada mientras hojea una revista de actualidad.

Tokio

Guarda el documento y apaga la pantalla. Se levanta, coloca bien la camisa y sale de su despacho.

-Catalán, ya están aquí, ¿nervioso?

-Bastante la verdad

-¡Venga, venga! No me mienta. Si los tiene en el bote. Le aseguro que si finalmente aprueban su proyecto volverá a España por la puerta grande. Son huesos duros de roer, pero usted es un seductor de imposibles.

S A S H A

-Señorita, acompáñeme hasta la sala de juntas.

Sonríe y sigue a la secretaria de moño alto. Paso seguro, mirada al frente. La sala de juntas no es tan grande como había imaginado. Una mesa con ocho sillas y un proyector. La secretaria le indica dónde sentarse y le obedece. Cuando está sola se le escapa una risilla tonta. Trata de relajarse. No debe cometer ningún error, no tiene ningún margen para permitirse ese lujo.

Tokio

El director abre la puerta de la sala de juntas. Deja pasar primero a la secretaria de moño alto con la bandeja de café. Después de ella entra el director y, tras él, el Catalán. Una mujer sentada y ese olor.

-Bienvenida, Sasha. Me alegra tenerla de nuevo por aquí. Pensaba que vendría también su director.

-No ha podido venir. Pero lo importante es que estemos lo que tegamos que estar, ¿verdad?

Ella sonríe mirándole directamente. Maliciosamente. Sus letras arden en su piel, con más fuerza que nunca.

Ha estado pensando en ti. A pesar de todo. ¿No es increíble la cabezonería del ser humano por seguir amando a aquello que no merece ni un ápice de amor. Ha pisoteado su propio orgullo reconociendo que sigue en el mismo punto con sólo ese cruce de miradas. Eres su kriptonita, lo que le debilita con más facilidad. Sólo tu nombre lo ahoga. Y sin embargo tú permaneces ahí parada, orgullosa de tus logros, presumiendo de lo que provocas, de las noches sin vela, de las distracciones, de la soledad que has instaurado en su vida.

-Yo también he sufrido.

Tú has huido.