21 de octubre de 2008

Mañana lluviosa

Las calles se llenan de gente con el transcurso de la mañana a pesar de la lluvia que cae. Bajo un paraguas verde, con paso acelerado, va Azucena. Se refugia en una cafetería. Se sienta en una de las mesas blancas y pide un café con leche. Una mañana ajetreada, con papeles de una institución a otra. Hace poco que se ha mudado de ciudad. Una vida nueva, gente por conocer. Una oportunidad de ser ella misma. Pocas cosas hay en su contra y las posibilidades de que le siga el pasado son mínimas. Demasiado lejos del que era su hogar.

Se acerca una camarera con su café con leche. Le sirve. Se le queda mirando.

-¿Ocurre algo?

- No, lo siento. Tan sólo me pareció conocerla de antes.

- Ah. Pues no creo que pueda ser. Soy nueva en la ciudad y no conozco a nadie más que a mi casero - dice sonriendo.

- Vaya. Mi nombre es Gloria.

- El mío es Azucena.

Gloria coge una servilleta y un bolígrafo que tenía en el bolsillo de su camisa. Se apoyó sobre la mesa para escribir una serie de números.

- Mira, éste es mi número de teléfono. Llámame al mediodía y salimos a tomar algo. Tengo la tarde libre y te podría enseñar la ciudad si tú quisieras.

-Oh, gracias. Claro, sí, te llamaré, no te preocupes.

Gloria se aleja para continuar con su labor. Azucena se le queda mirando.

Sí, es posible que la conociera de algo. Después de todo, el mundo es un pañuelo, ¿no?