31 de octubre de 2008

Buscas tu oportunidad en la oscuridad

Y te acercas. No sabes que oculta tras esa boca pero estas dispuesta a descubrir la verdad presionando con tus labios.

Esta noche has decidido darte una oportunidad, celebrar que has encontrado un trabajo digno de ti. Esta noche saliste de tu casa pidiendo guerra y la vas a tener. Con tus tacones taconeas la ciudad. Vas de local en local hasta encontrar uno de tu gusto. Lo encontraste. Entraste y allí dentro encontraste a ése hombre de rulos castaños y ojos verdes. Más joven que tú pero, bello al fin. Héctor.

Pides una copa y con ella te acercas a él. Tropiezas sin querer con su pie y la copa se vacía al tiempo que logras con su ayuda sostenerte de pie. Te invita a una copa. Le ha gustado tu sonrisa, tu mirada, esa dejadez de tristeza que tienes en tus ojos grises. Te habla pero no escuchas. Sólo observas su boca, sus labios rojizos. Deseas besarlos, absorber la vida que contienen, contagiarte de su sonrisa. Notas una caricia en tu brazo. Sus manos son suaves. Te acercas a él. Le sonríes. "Estoy aquí para ti. Estás aquí para mí. ¿Qué tenemos que perder?". Él pasa su mano por tu cintura. Te acercas más a él. A pocos centímetros de su boca, tan provocante, tan seductora, tan cerca.

Le besas. Presionas tus labios sobre los suyos y vas haciendo tu camino en su boca. Te atas a él con sutiles movimientos pero la cena tan sólo acaba de comenzar.

Su boca sabe a croissant. La tuya a agua fresca.