25 de enero de 2010

Stairway to Heaven

A aquella tristeza que me provocaron tus ausencias


-Vamos, señor M, aparece ya.

Greta espera en la puerta del Matahari, apoyada sobre su pared roja. Hoy el local está muy lleno de gente, intransitable. Irrespirable. Ha salido a tomar un poco el aire; en realidad, ella no ha quedado con nadie aquí fuera, pero espera pacientemente a que el destino juegue en favor de ella. Mira a uno y al otro de la calle, confiando en el mito de los encuentros casuales. Que él pase por aquí, le sonría y le invite a tomar una cerveza en el Matahari. Y entonces la gente los irá empujando, acercándolos, obligándolos a respirarse peligrosamente.

Ignora el reloj. No quiere ver que ya son más de la cinco, que el Matahari está a punto de cerrar y señor M no va a pasar por aquí.

-Vamos, no me defraudes. Otra vez no.

Ruega una y otra vez. No deja de jugar con el asa de su bolso. Ha tratado de resistirse a su encanto, olvidarse de él, pero una parte de ella no quiere hacerlo. Porque él siempre aparecerá para romper con sus esquemas. Es la costumbre ya.

Greta camina de un lado al otro de la puerta, ansiosa, esperando su aparición estelar. Pero dentro del local ya encendieron todas las luces y están pinchando la canción de cierre. Stairway to Heaven obliga a la gente a salir del local con sus bebidas en vasos de plástico. Ella se va relajando, asimilando su espera inútil. El destino no ha tirado los dados y sus amigos recogen a una Greta sin alma.

-¿Estás bien?

Greta cambia el gesto de su cara radicalmente, luciendo una gran sonrisa para contestar un "perfectamente" bien interpretado de camino a una parada de taxis.

Hoy, una vez más, ha estrenado su propia obra de teatro.