Azucena se enciende el último cigarro rubio que le queda. Su pequeño amigo también la abandona por esta noche. Abrazada a su té negro, cierra los ojos y deja que Alice In Chains entre por sus orejas tristes. Un Love, hate, love suena más alto de lo debido, lo suficiente como para no escuchar sus propios pensamientos.
Devuelve la taza a la cocina.
Hace tiempo que Azucena de noche se ha ido y Azucena de día ha amenazado con hacer lo mismo. La Azucena de verdad se ha vuelto una niña gris, dormida. No quiere caminar más, se ha cansado de recorrer las mismas calles una y otra vez esperando a la Gran Aparición y cruzarse un Hola ensayado tanto tiempo atrás.
Para la música
Azucena da vueltas por la habitación. Sonríe. Se está volviendo loca entre cuatro paredes. El teléfono todavía está caliente. Una hora hablando con él era todo lo que necesitaba y aún así hay algo que la sigue desesperando. La distancia siempre es un problema.
Una peli y a dormir.
Se cubre hasta las orejas, envuelta en la manta verde. Todavía huele a hermoso destino. ¿Cuánto durará?
Eso también me lo pregunto yo.