24 de mayo de 2009

Tomar aire

Trata de recordar su rostro, sus gestos, la última vez que le vio pero parece que alguien se hubiese llevado todos sus recuerdos. Todos esos momentos que se esforzó en grabar en su mente habían sido borrados y ahora ella se encontraba en el centro de un laberinto oscuro, persiguiéndose a si misma, reprochándose por no haber sido más valiente, por haberse refugiado en la nada. No se había arriesgado. Lo más probable es que no mereciese que él la amase. O que la hubiese amado.

Sasha se despierta temprano, pero no abre los ojos hasta que el despertador suena. A su lado se despereza Fernando. Se levanta y prepara su café mientras se fuma un cigarro, el primero del día. Ha aumentado el número de cigarros en el último tiempo, se siente demasiado intranquila, insegura. Su marido no parece darse cuenta de este detalle, sigue ocupando su cabeza con números, contratos. Ella simplemente parece estar descentrada, perdida, cuando antes era altiva, segura, confiada. Los últimos acontecimientos en su vida le han roto los esquemas hasta el punto de no saber si merecía seguir caminando.

-¿Vas a ir hoy a la oficina? –Fernando se sienta en la mesa y toma el periódico, examinando la portada y abriéndolo después por la primera página.

Sasha se le queda mirando, como si él fuera la pantalla en la que se proyectaba la película de su vida. Si la veía objetivamente, ella era la culpable de estar donde estaba, como estaba y con quien estaba. Pero, ¿era eso lo que ella quería? No. Es una respuesta concisa y rotunda. No. Ella no quiere ser esta Sasha. Pero, entonces, ¿quién es Sasha? ¿Dónde está la Sasha de verdad?

-No, no voy a ir. Voy a tomarme este mes de vacaciones.

-Cielo, aún no llegó el verano, ¿adónde quieres ir de vacaciones con este tiempo?

No responde. Deja la jarra de café sobre la mesa y va a su habitación. Prepara una maleta con lo indispensable y un par de mudas. Llama a la oficina y avisa de su plan. Fernando aparece en la habitación con gesto serio.

-¿Vas a irte otra vez?

-No, simplemente necesito huir de esta ciudad –coloca su cabello mientras examina su rostro. Parece cansada. De hecho, tiene las ojeras muy marcadas y está muy delgada. Se notan demasiado los huesos, extraña la redondez de sus formas cuando era más joven. Resopla a su reflejo, despreciándolo.

-Y, ¿adónde vas a ir?

-A casa.

Coge su maleta y sale de la habitación sin dirigirle la mirada a Fernando. Necesita salir de la ciudad pronto, lo más rápido posible y tener esa libertad otra vez consigo.

Porque libertad es todo lo que queremos, ¿verdad? Cuando nos fallan los planes, queremos parar el tiempo y respirar. Tomar aire y buscar respuestas rápidas a preguntas difíciles. Pero hay preguntas que nunca se resuelven o que simplemente queremos no responder. Porque cuando tomas aire, lo que haces es huir de tu propia realidad, negando lo que está ocurriendo. Porque, Sasha, tú no huyes de tus recuerdos, no huyes de tus errores, no huyes del Catalán, no huyes de Fernando, no huyes de la vida que tú te forjaste. No. Tú huyes de ti misma, buscas fuera de ti a la Sasha que quieres ser, que alguna vez fuiste pero las circunstancias han hecho que construyeras un antifaz dando como resultado a la Sasha del presente.

Pena de no poder viajar al pasado, porque entonces habríamos descubierto a la Sasha inocente, a la Sasha feliz. Aquella que se escondía bajo las faldas de su madre ante cualquier desconocido. ¿Qué ha pasado con ella? ¿Dónde está? Te has perdido a ti misma, en tu espiral de mentiras has perdido la esencia de tu persona.

Pero él había conseguido rescatarla, ¿no es así? Por unas horas habías vuelto a ser inocente, a sonreír honestamente. Y, entonces, ¿por qué desperdiciar esa felicidad? ¿Por qué huir de ella?

-No huyo de ella.

¿No? Me pareció que sí, lo despreciaste, mostraste a la Sasha de ahora, la fría, la cruel…

-No podía hacer otra cosa.

¿En serio?

-¡Deja de regañarme! ¿Crees que no he pensado en ello desde entonces? Trato de justificarme en algo que ni siquiera yo entiendo. No he podido controlar la situación, todo había escapado de mis manos. Estaba muy nerviosa, bajo presión. Y sabes que en situaciones así no logro ser consciente de lo que ocurre. He tratado de salir de su vida, aunque eso significase hacerle daño. Pero es que él se merece algo mejor que yo…

No eres nadie para saber a quién se merece y a quién no. Él sólo te quería a ti. Y tú lo echaste de tu vida con una sonrisa altanera.

Sasha se sube a su coche con gesto seguro. Lo único que quiere es respirar. Aire. Tiempo. Libertad. Toma la autopista nacional, con rumbo a su casa, al origen de todos sus problemas.

Porque para obtener respuesta, primero tienes que saber qué preguntar.