Tararea una nana y se agarra a su barriga.
Arroró, roró meu neno
Arroró, roró meu sol
No teu mar cantan sereas
No teu ceo o rei é o sol
Arroró, cariña de ouro
Arroró, ea, ea o
Arroró, á túa beira
Arroró, ea, ea o
Arroró, roró meu sol
No teu mar cantan sereas
No teu ceo o rei é o sol
Arroró, cariña de ouro
Arroró, ea, ea o
Arroró, á túa beira
Arroró, ea, ea o
Ya no importa el pasado, no debería importarle. Pero no podía evitar pensar en lo que había perdido. La habían abandonado después de consagrar su vida a quien había querido con toda su alma. Y ahi, dentro de ella, había vivido una vez el fruto de ese amor. Lo echaba de menos. Era lo único que había hecho sentirla satisfecha consigo misma.
Un hijo. Un bebé. Para ella no era tan sólo un ser humano más, era una parte de su ser, un trocito de su alma, su energía, su amor. Tan chiquito, tan tierno, tan dulce. Tan suyo. Verlo crecer, sonreír, hablar, andar, llorar... Habría sido tan feliz. Pero ni siquiera eso pudo tener.
Se había quedado sin nada a las pocas semanas. Vacía. Totalmente vacía.
Se levantó del sillón cerca de la una y fue a la cocina a prepararse algo de cenar. Su estómago ya rugía hambriento.
No importaba el pasado, pero pesaba y seguía doliendo.